USA: ¿con qué versión nos quedamos…? 🇺🇸
Estados Unidos no es un país: es una superposición de puzzles (no encuentro otra palabra) que compiten por imponer su relato como si fuese la realidad. Es menos una nación que un campo de batalla con muchas brechas donde cada facción intenta secuestrar el significado de “América” y venderlo como destino manifiesto. La pregunta “¿con qué USA nos quedamos?” es capciosa, porque presupone unidad donde hay fractura, coherencia donde hay tensiones irresueltas, identidad donde hay marketing. Pero cuidado: este no es otro artículo "antiamericano". En Solar Axis no somos progresistas anti yankees ni nacionalistas sudamericanos con polillas en las neuronas. 🐛

El llamado “sueño americano” 👱🏻♀️ 🎬 es quizás la pieza más eficaz de propaganda civilizatoria jamás producida. Una narrativa simple: esfuerzo individual + mérito = ascenso social. La promesa de que cualquier hijo de nadie puede convertirse en “alguien”. En términos históricos, no es completamente falsa: durante buena parte del siglo XX —sobre todo entre 1945 y 1975— Estados Unidos ofreció condiciones materiales excepcionales: crecimiento anual robusto, salarios industriales altos, crédito accesible, expansión educativa. Pero esa ventana fue contingente, no estructural. Hoy, los datos son menos románticos y más incómodos: estudios de Pew Research Center y Brookings Institution muestran que alrededor del 40–50 % de quienes nacen en el quintil más bajo permanecen allí en la adultez, y solo cerca de un 7–9 % logra ascender hasta el quintil superior. Dicho sin anestesia: el ascenso existe, pero es estadísticamente estrecho. El “sueño” sobrevive más como relato en las películas que como probabilidad. Hoy, el multi empleo es una realidad entre los jóvenes, las hipotecas no son tan generosas para la casa propia y existe una inflación mundial en dólares dado que la FED no deja de imprimir papelitos pintados.

Hollywood hizo el resto. Desde Rocky 🥊 hasta The Pursuit of Happyness, el cine convirtió excepciones en norma emocional. El espectador internaliza que si no asciende es por déficit moral, no por estructura. El fracaso deja de ser social y se vuelve íntimo. Y ahí aparece la genialidad del sistema: produce desigualdad mientras fabrica sujetos que se culpan por ella.
En ese ecosistema emerge la figura del “self-made man”, una especie de héroe secular. El individuo que se hace a sí mismo desde la nada, sin herencia, sin red, sin deuda con nadie. Es una ficción poderosa porque mezcla ética protestante con narrativa épica. Pero incluso en sus casos emblemáticos, el mito se agrieta: redes invisibles, capital social previo, contexto histórico favorable. El “hombre hecho a sí mismo” rara vez está solo; simplemente borra del relato todo aquello que no encaja con la épica individualista. Es menos una descripción sociológica que una operación estética.

¿Existe el USA de Ronald Reagan? Sí, pero como mito fundacional tardío. La era Reagan reinstala una fe casi religiosa en el mercado, la desregulación y el individualismo competitivo. Recordemos que el propio Murray Rothbard escribe artículos de manera desesperanzada acerca del gasto público de era Reagan. Es el momento en que el Estado se presenta discursivamente como problema mientras en la práctica se reconfigura, no desaparece. Porque Estados Unidos jamás fue un “capitalismo salvaje” en sentido puro: es un capitalismo profundamente intervenido, pero de forma selectiva. Se socializan pérdidas —el rescate financiero de 2008 (TARP) movilizó unos 700 mil millones de dólares autorizados— y se privatizan ganancias. El Estado no se retira: cambia de destinatario.

Y ahí entramos en una zona incómoda: el Welfare, el Estado de Bienestar. Existe una narrativa simplificada —y muy explotada políticamente— que describe a EE.UU. como un Leviatán asistencial para minorías, particularmente afroamericanas. La realidad es más compleja y menos ideológica. El gasto federal en programas sociales mayores es masivo: solo Social Security Administration distribuye más de 1,3 billones de dólares anuales; Centers for Medicare & Medicaid Services administra un gasto sanitario público que supera los 1,5 billones combinados (Medicare + Medicaid); el programa SNAP ronda los 110 mil millones en años recientes. En total, el gasto social federal supera ampliamente los 2–3 billones de dólares anuales. Pero no está diseñado “para negros”. Según datos del US Census Bureau, los beneficiarios blancos representan el grupo más numeroso en términos absolutos en la mayoría de los programas, aunque los afroamericanos están sobrerrepresentados proporcionalmente debido a desigualdades estructurales. La imagen de un Estado que solo subsidia minorías es una caricatura útil políticamente, no una descripción empírica.

Entonces no, no es Somalia con iPhones. Tampoco es Suecia con bandera de estrellas y barras. Es otra cosa: un híbrido donde el Estado actúa como estabilizador sistémico más que como redistribuidor coherente, y donde la retórica antiestatal convive con niveles de gasto que desmentirían a sus propios predicadores.
¿Y el USA WASP? Blanco, anglosajón, protestante. Ese fue el núcleo identitario hegemónico durante siglos: no solo una demografía, sino un código cultural. Ética del trabajo, autocontrol, racionalidad instrumental, una cierta frialdad moral revestida de virtud. Ese USA construyó instituciones, universidades, burocracias, imperios financieros. Pero hoy ese sujeto está en crisis de centralidad. No desapareció: mutó en nostalgia política, en sensación de desplazamiento, en reacción cultural.

Ahí entra el Midwest, los cinturones oxidados, las ciudades que fueron acero y hoy son ruina. Detroit como símbolo: su población pasó de 1,85 millones en 1950 a menos de 700 mil hoy. Fábricas cerradas, desempleo estructural, epidemia de opioides, resentimiento acumulado. Ese es el caldo donde emerge la figura que alguien como J. D. Vance intenta representar. Hillbilly Elegy no es solo una autobiografía hecha novela y film en Netflix; es un documento clínico de descomposición: familias fragmentadas, violencia, desesperanza, una cultura atrapada entre el orgullo y la autodestrucción.

En paralelo, otro USA se impone mediáticamente: el de las costas. California y Nueva York como polos simbólicos de una nueva moral. Diversidad, identidad, progresismo, multiculturalismo, capitalismo de plataformas con estética inclusiva. Es un USA cosmopolita, hiperconectado, que habla en el lenguaje de los derechos mientras monetiza cada interacción humana. Un país donde una empresa puede financiar campañas LGBTIQ mientras optimiza cadenas globales de producción con lógica implacable. No es contradicción: es coherencia interna de un sistema que convierte incluso la moral en branding.

Y por encima de todos estos USA, flotando como una estructura casi autónoma, está el complejo militar-industrial. Empresas como Lockheed Martin, Raytheon Technologies o Northrop Grumman dependen en gran medida de contratos estatales. El presupuesto de defensa de EE.UU. supera los 800 mil millones de dólares anuales, según el propio Departamento de Defensa. Aquí el mito del libre mercado se disuelve sin disimulo: el Estado no solo interviene, es el cliente principal. La guerra —o su preparación permanente— funciona como motor económico estructural.
Entonces, ¿qué es Estados Unidos?
Es un organismo contradictorio que logró algo extraordinario: hacer de sus tensiones internas una fuente de energía en lugar de un punto de colapso inmediato. Es simultáneamente imperio y experimento, mercado y religión, máquina y mito. Es capaz de producir Silicon Valley y Detroit, Hollywood y Appalachia, Wall Street y barrios donde el ascenso social es estadísticamente improbable.

Y en el fondo de todo este sistema hay un mecanismo menos visible, pero clave: lo que hace la Federal Reserve con el dinero. Simplificado: cuando la economía tambalea, la Fed “crea dinero” y lo inyecta en el sistema comprando deuda del Estado y activos financieros. Después de la crisis de 2008, y sobre todo tras 2020, hizo esto a una escala gigantesca: pasó de manejar menos de 1 billón de dólares a cerca de 9 billones. Al mismo tiempo, la cantidad total de dinero circulando en la economía creció alrededor de un 40 % en apenas dos años.
¿Qué implica eso en la vida real? Durante años hubo dinero fácil y barato: créditos accesibles, tasas bajas, mercados financieros en alza. Pero ese dinero no se repartió de forma pareja: infló sobre todo el precio de las acciones y de las viviendas, beneficiando a quienes ya tenían activos. Después vino la otra cara: inflación, es decir, el dinero perdiendo valor y el costo de vida subiendo más rápido que los salarios. Y ahí la misma Fed tuvo que frenar de golpe, subiendo tasas de forma muy agresiva.

La crítica de fondo es bastante simple: cuando las cosas van bien, ganan los de arriba; cuando el sistema entra en crisis, los costos se reparten entre todos, vía inflación o ajustes. Eso genera un círculo donde los actores grandes asumen más riesgos porque saben que, si algo sale mal, el sistema los va a sostener.El dólar sigue siendo fuerte en el mundo, sí, pero cada vez depende más de este equilibrio delicado: imprimir sin que se pierda la confianza. Y esa cuerda se va tensando con cada intervención.
Estados Unidos no es una esencia; es una dinámica. No es un “qué”, sino un “cómo”: cómo absorbe, cómo transforma, cómo vende su propia narrativa incluso cuando ya no la cumple. Es un país que se piensa a sí mismo en tiempo futuro mientras arrastra fracturas del pasado que nunca terminó de procesar.
Por eso la pregunta correcta no es con qué USA quedarse. La pregunta es cuánto tiempo puede sostener simultáneamente todos esos USA sin que la tensión deje de ser productiva y pase a ser destructiva.Porque toda civilización que vive de su propio mito corre el riesgo de un día despertarse y descubrir que el relato sigue intacto… pero la realidad ya no lo acompaña.
Fuentes:
· Federal Reserve Bank: https://comptroller.war.gov/Budget-Materials/?utm_source=chatgpt.com
· Gasto militar: https://comptroller.war.gov/Budget-Materials/?utm_source=chatgpt.com
· Pew Research Center: https://www.pewresearch.org/social-trends/2020/01/09/trends-in-income-and-wealth-inequality/?utm_source=chatgpt.com
· Social Security: https://www.ssa.gov/policy/docs/statcomps/supplement/?utm_source=chatgpt.com
· United States Census: https://www.census.gov/quickfacts/detroitcitymichigan?utm_source=chatgpt.com