Ucrania: espejo moral del siglo XXI 🇺🇦
El hombre y la mujer ucranianos cargan con una identidad profundamente conflictiva, dividida, saturada de disonancias psicológicas. El mismo Estado soviético que los exterminó por hambre durante el Holodomor (el genocidio perpetuado por Stalin, y no reconocido por toda la comunidad internacional), que los reprimió y los esquilmó, fue también el que les dio forma como sujetos: el Estado que mataba era, al mismo tiempo, el que otorgaba una vivienda, un salario y la seguridad de un oficio. Ese doble vínculo —protector y verdugo— dejó una huella moral indeleble en el alma ucraniana. Esto implica que la cultura soviética, la misma que ultrajó hasta matar, dio su carácter nacional a los ucranianos, desde infraestructuras hasta una inmensa corrupción institucional: policía, universidades, hospitales, el fisco. A la vez que les dio la “modernidad del Hombre Nuevo”, les dio las estadísticas más corruptas de Europa oriental -y sin armas atómicas-, además de grandes tragedias.

Ser hombre y ser mujer son dos roles atravesados por estas contradicciones también, que se manejan precisamente bajo la etimología de la palabra “Ucrania”: en la frontera. Es una experiencia border. Hoy Ucrania vuelve a debatirse en una fractura de su corazón nacional: entre el Occidente woke y progresista que promete derechos infinitos y la Europa oriental que aún defiende la familia, la fe y el sentido de pertenencia. Es el viejo dilema entre el templo y el mercado, entre la cruz y la bandera azul con estrellas. ¿Ser una nación con alma o una sucursal del progresismo global? Detrás del humo de la guerra, lo que se libra es una batalla moral: Iglesia o "eurocracia", identidad o disolución, patria o performance.

En el Este eslavo —Bielorrusia, Rusia, Ucrania— existía un viejo cliché de la psicología popular: el hombre como vago, alcohólico y emocionalmente inestable. El eterno “macho del sofá con vaso de vodka”. Ese estereotipo masculino, casi un proverbio doméstico post-soviético, describía a un hombre sin misión, una masculinidad sin propósito, un estúpido bufón, mala versión del acicalado hombre occidental con euros. En la literatura y el cine soviético, el mujik —ese campesino tosco, resignado y eternamente ebrio— se volvió la metáfora viva de una nación que sobrevivía a fuerza de vodka y fatalismo. Era, a la vez, víctima y bufón: el hombre aplastado por el Estado, pero funcional al mito heroico de la resistencia popular. El arte oficial lo necesitaba como espejo de rusticidad proletaria, y Occidente, por su parte, lo adoptó como caricatura moral. El “ruso borracho” -con el resto de los eslavos- fue exportado como emblema de la barbarie emocional y del atraso oriental: un ser sin disciplina, incapaz de autocontrol, condenado al desorden.

Bastó una guerra para invertir el guion como una tragicomedia: el mismo hombre antes ridiculizado por su inercia se convirtió en héroe nacional, mártir voluntario, figura épica que “muere por la patria”. Y la mujer —antes símbolo de paciencia y cuidado— asumió el papel de superviviente, migrante, estratega o “chica reinventada”.

Los informes recientes sobre Ucrania (KVINFO, 2023) señalan que la invasión rusa reforzó los roles binarios de género: los hombres como defensores y héroes; las mujeres como madres y cuidadoras. Lo que antes era queja —“ellos no se comprometen”— se transformó en sacrificio extremo —“se comprometen hasta morir, ¡qué hombres!”—.

Las ONGs y sus estudios…
El hombre fue rehabilitado como santo patrono del heroísmo, y la guerra le devolvió la dignidad por la vía más siniestra: la muerte. El estereotipo no desapareció; simplemente cambió de uniforme, con el sello de Zelenski en el hombro. Cuando se trata de ir a morir al frente, no hay privilegios patriarcales...
Hombres mutilados intentan reinventar sus vidas.
Bajo esa mitología del sacrificio masculino, se desplegó otro movimiento silencioso: la migración femenina. Millones de mujeres cruzaron las fronteras hacia la Unión Europea, y muchas encontraron en la guerra un punto de partida para rehacer sus vidas, aunque no sin contradicciones. Algunas iniciaron nuevas relaciones con hombres europeos que les pueden dar una vida en euros; otras simplemente huyeron. Como toda catástrofe, la guerra abre caminos de emancipación mientras multiplica las dependencias y los vínculos instrumentales. De ahí surge una parábola cruel, repetida en la psicología popular: la mujer que espera la noticia de la muerte del marido en el frente para cobrar el seguro de deceso y escapar del país. Ningún estudio serio lo confirma aún como fenómeno masivo, pero su sola existencia como rumor expresa una verdad sociológica: el sacrificio masculino puede servir a la supervivencia femenina, y además salvar y promover el viejo anhelo post-soviético.

Para comprender el trasfondo, debemos mirar antes de la guerra. Ucrania ya era un país exportador de mano de obra femenina, incluso dentro de la economía sexual. Los datos lo muestran: según el proyecto europeo TAMPEP, Ucrania ocupaba el tercer o cuarto lugar entre los principales países de origen de trabajadoras sexuales en Europa. Dentro del país, organizaciones como Legalife y Alliance for Public Health estimaban entre cincuenta y tres mil y ochenta y seis mil personas dedicadas al sexo-trabajo antes de 2022. Paralelamente, la Organización Internacional para las Migraciones informó que desde 1991 más de 300.000 ucranianos —en su mayoría mujeres— habían sido víctimas de trata, con más de mil casos identificados y asistidos solo en 2021.

Las raíces de esa economía van más hondo, hasta el derrumbe soviético en los 90s. Cuando la economía planificada implosionó, no solo desapareció una ideología: se evaporó la mínima estabilidad material. De la noche a la mañana, regiones enteras quedaron sumidas en la pobreza: fábricas cerradas, salarios estatales disueltos, inflación devorando los ahorros. La “liberación” de los años noventa significó hambre, cuentas impagas y mercado negro para todo. Para muchas mujeres ucranianas, sobrevivir se volvió un acto “afectivamente fronterizo”. Fueron a Moscú o a Europa Occidental “a buscar vida”, muchas veces cayendo en servidumbre doméstica, trabajo informal o prostitución. No las movía el vicio, sino la necesidad (presuponemos). No eran símbolo de decadencia moral, sino de desplazamiento económico: recordatorios vivos de que la libertad, sin pan, es solo otra forma de exilio.
Estos números, lejos de ser estigma, trazan la geografía empírica de una economía donde el cuerpo se convierte en pasaporte. En Europa occidental, más del 60 % de las trabajadoras sexuales son extranjeras; en Alemania, la cifra supera el 63 %, específicamente 50% de prostitutas ucranianas en Berlín (die Welt, 2023). Demanda estructural de mujeres del Este, vulnerabilidad estructural de quienes parten. Ucrania formó parte de ese flujo mucho antes de que los tanques rusos cruzaran su frontera. Hablar de ello no es difamar, es comprender.

La guerra no borró ese mercado; lo transformó. Hoy, las ucranianas migradas —voluntarias, refugiadas o desplazadas— se reparten entre la ayuda humanitaria, los empleos precarios, las economías digitales, la búsqueda de pareja en apps y agencias y, en algunos casos, el sexo-trabajo transnacional. Mientras tanto, el sacrificio masculino se mide en cifras espantosas: Zelensky declaró más de cuarenta y seis mil soldados muertos, y fuentes independientes estiman hasta setenta y nueve mil entre muertos y desaparecidos. Esa magnitud demográfica produce una sociedad desbalanceada: viudas, desplazadas, huérfanos, economías familiares colapsadas. Sin hombres en casa, el rol femenino se expande… y se deforma.

El drama social no se limita a los roles de género invertidos; alcanza también la esfera del poder.
El poder en Kyiv no es un altar de virtudes, sino una máquina de purificación por fuego: cada crisis promete redención y termina en reparto. Zelensky no se volvió el “billonario de la guerra” que denuncian los memes rusos, pero tampoco es el asceta cívico que exporta Netflix. Sus declaraciones muestran ingresos variables y crecientes durante la invasión —bonos, alquileres, dividendos—, y su viejo entramado offshore, revelado en los Pandora Papers, sobrevive como tatuaje en la memoria pública. No hay milagros: un actor devenido presidente conserva su cuenta bancaria mejor que la mayoría de sus soldados conserva las piernas.

Lo que escandaliza no son solo sus números, sino el teatro moral del poder. En 2023, el Parlamento intentó mantener en secreto las declaraciones patrimoniales, y solo la presión social y un veto presidencial forzado evitaron el apagón de transparencia. Dos años después, en 2025, otro capítulo escandaloso: un proyecto para debilitar la independencia de las agencias anticorrupción, revertido recién cuando la indignación internacional amenazó con cerrar el grifo de ayuda. En el ínterin, ministros, diputados y empresarios del complejo militar desfilaron entre detenciones por sobornos y contratos inflados, probando que el patriotismo también cotiza en el mercado negro.

¿“Autoindulto”? No, algo más sofisticado: una coreografía de impunidad administrada, donde se finge moral mientras se negocia presupuesto. Entre las ruinas y las banderas, Kyiv sigue practicando la vieja alquimia postsoviética: convertir el sacrificio colectivo en capital político, y la guerra en oportunidad.
La psicología popular, por supuesto, simplifica. Ayer decía: “los hombres ucranianos son vagos y alcohólicos”. Hoy repite: “son héroes que mueren por la libertad”. Ayer la mujer era la esposa que soporta; hoy es la “refugiada resiliente”. El cambio es de guion, no de estructura: él sacrifica, ella adapta. Siempre fue así.
Ambos siguen siendo personajes de un sistema que necesita héroes y sobrevivientes, mártires y migrantes. El mito de la viuda que huye con el seguro militar no es una ofensa, sino una parábola amarga sobre cómo las narrativas bélicas transforman la miseria en virtud y el duelo en oportunidad.

Mientras tanto, la realidad social no necesita adjetivos: decenas de miles de hombres muertos, más de ochenta mil mujeres dedicadas al sexo-trabajo antes de la guerra, trescientas mil víctimas de trata en tres décadas, millones de desplazadas buscando un país que las reciba. No se trata de juzgar, sino de entender. El cuerpo masculino convertido en sacrificio y el cuerpo femenino en vector de movilidad son los dos polos del mismo drama civilizatorio: la instrumentalización del ser humano ya sea por heroísmo o por hambre.
Y, sin embargo, pese a la ironía de los clichés, el pueblo ucraniano conserva una dignidad que resiste la caricatura. Hay mujeres que sostienen familias, que trabajan, que voluntarizan, que combaten, que reconstruyen pueblos. Hay hombres que mueren no por propaganda, sino porque creyeron de verdad en algo. La psicología popular no puede digerir semejantes ambigüedades: necesita santos o demonios, héroes o villanos. Pero la realidad es más incómoda.

Ucrania, al final, funciona como espejo moral del siglo XXI. En ese país donde el “hombre vago” se volvió mártir y la “mujer sumisa” se volvió migrante aventurera, comprendemos que la historia no progresa: solo cambia de máscaras. Las estructuras permanecen: la dependencia, el sacrificio, la glorificación del riesgo. Los héroes se reciclan, las víctimas se reeditan, los clichés se actualizan. Y tal vez la única revolución auténtica sea la de quienes logran seguir siendo dignos en medio del mito, la pobreza y la guerra.

Y ahí está la ironía que ningún noticiero confiesa: mientras el relato oficial habla de valores, democracia y dignidad, el mundo entero monetiza el sufrimiento. Los héroes mueren por la bandera, los vivos abren cuentas en Patreon, y los medios comercian la tragedia como una serie de Netflix. Occidente llora a Ucrania en alta definición, pero factura su guerra en 4K. En el fondo, lo único verdaderamente globalizado no es la libertad, sino la capacidad de lucrar con ella.
Fuentes verificadas
· Die Welt (2023) “In den Bordellen sind es mittlerweile etwa 50 Ukrainerinnen.” — Link: https://www.welt.de/politik/deutschland/plus253481548/Prostitution-In-den-Bordellen-sind-es-mittlerweile-etwa-50-Ukrainerinnen.html
· Eurasia Review. Prostitution: An Unwanted Brand of Contemporary Ukraine. https://www.eurasiareview.com/11042023-prostitution-an-unwanted-brand-of-contemporary-ukraine-analysis
· FactCheck.org. Social Media Posts Make Unsupported Claims About Zelensky’s Income and Net Worth. https://www.factcheck.org/2022/07/social-media-posts-make-unsupported-claims-about-zelenskys-income-net-worth
· KVINFO (2023). Ukraine: Gender Stereotypes Insight Report. https://kvinfo.dk/wp-content/uploads/2023/02/Ukraine_Gender-Stereotypes_Insight_2023.pdf
· Kyiv Independent. Zelensky Publishes Declaration of 2024 Family Income. https://kyivindependent.com/zelensky-publishes-declaration-of-2024-family-income
· Kyiv Independent. Zelensky Publishes Declaration of 2024 Family Income. 30 mar 2024. https://kyivindependent.com/zelensky-publishes-declaration-of-2024-family-income
· Livemint. From Comedian to President: 5 Surprising Facts About Volodymyr Zelensky’s Net Worth and Properties. https://www.livemint.com/news/world/from-comedian-to-president-5-surprising-facts-about-ukraines-president-volodymyr-zelensky-net-worth-and-properties-11740962554561.html
· MythDetector. How Did Zelenskyy’s and Ivanishvili’s Wealth Change During the Russia-Ukraine War? https://mythdetector.com/en/change-during-the-russia-ukraine-war
· OCCRP (Pandora Papers). Pandora Papers Reveal Offshore Holdings of Ukrainian President and His Inner Circle. https://www.occrp.org/en/project/the-pandora-papers/pandora-papers-reveal-offshore-holdings-of-ukrainian-president-and-his-inner-circle
· Rapid Gender Analysis of Ukraine (UN Women, 2022). https://www.unwomen.org/en/digital-library/publications/2022/05/rapid-gender-analysis-of-ukraine
· Reuters. Ukraine’s Zelenskiy Reports His Income Increased in 2022. 29 mar 2024. https://www.reuters.com/world/europe/ukraines-zelenskiy-reports-his-income-increased-2022-2024-03-29
· TAMPEP (2012). National Mapping on Sex Work – Ukraine. https://tampep.eu/wp-content/uploads/2018/06/Final-Mapping-Report-Ukraine-ENG.pdf
· The Washington Post. Ukrainian Officials Charged in Defense Procurement Corruption Scandal. 11 ago 2025. https://www.washingtonpost.com/world/2025/08/11/ukraine-defense-corruption
· Work on Poverty/Unemployment in Ukraine. Obrizan, Maksym. Poverty, Unemployment and Displacement in Ukraine: three months into the war. arXiv preprint, 2022. https://arxiv.org/abs/2211.05628