El camino del medio casi nunca sirve 👎🏻

El camino del medio casi nunca sirve 👎🏻

En la hora decisiva, ser tibio nunca sirve.

Toda sociedad llega, tarde o temprano, a su hora decisiva. Ese instante en que los hombres deben elegir entre el fuego o el hielo, entre ser artífices o ceniza inerte. En esos momentos, el “camino del medio” deja de ser virtud para volverse traición a uno mismo. La tibieza, que en tiempos de paz se disfraza de equilibrio, en tiempos de crisis se revela como cobardía.

Oswald Spengler, pensador de la decadencia

El camino del medio es la religión de un mundo tibio. La espiritualidad de los que temen elegir. Es la coartada moral de quienes no soportan el vértigo de una convicción profunda. El “equilibrio” se les vuelve un refugio, un spa ideológico donde nadie los juzga porque nunca dicen nada demasiado fuerte ni demasiado incómodo.
Pero a la historia no la escriben los templados, sino los que arden. A la historia no la escribe la “razón pura”, sino la voluntad de poder.

Durante la Revolución Francesa, los liberales biempensantes de la Gironda quisieron el camino del medio: ni reyes ni jacobinos, ni trono ni plebe, decían. Resultado: la guillotina no tuvo piedad con los moderados. Los tibios fueron los primeros en perder la cabeza, literalmente.

En la Alemania del 32, el mariscal Hindenburg representaba el camino del medio: un viejo patriota que creía poder domesticar a los extremos. Y por el medio se le coló “Dolfo” Hitler, democráticamente. El equilibrio, una vez más, fue la antesala del vértigo.

"Ellos son los enemigos de la democracia"...

Documental muy recomendable sobre el Nacionalsocialismo.

En la Rusia prebolchevique, Aleksandr Kerensky quiso gobernar desde el centro: ni zarismo ni revolución. Resultado: su moderación desató el caos y los bolcheviques tomaron el poder asaltando el Palacio de Invierno y cometiendo enormes masacres. El hombre del medio duró lo que tarda un fanático en oler la debilidad.

Stalin

Los ingleses, con Lloyd George, intentaron el camino del medio robando votos a la izquierda para agrandar el Estado del bienestar. Terminaron engendrando el monstruo estatista deficitario que luego tuvo que desmantelar Margaret Thatcher, a martillazos de realidad. Al centrismo político caviar le cuesta mucho entender aún hoy que a la izquierda jamás se le gana “robando votos por izquierda”. Milei sí lo ha entendido, y es por eso que es el mayor fenómeno político contemporáneo.

Suecia, la utopía nórdica, creyó que el camino del medio era confiscar el 75% de lo que cada ciudadano ganaba. El Estado del Bienestar colapsó a inicios de los 90, y de aquella “neutralidad moral” solo quedaron impuestos, depresión y alcoholismo.

En Uruguay, el batllismo —ese camino del medio que se cree sabio— nos dejó un Estado anquilosado, parasitario, tan gris como las fachadas de Montevideo un lunes de julio. Un país que confunde orden con vida, y prudencia con mediocridad.

Y como si fuera poco, el marxismo totalitario aprendió a infiltrarse precisamente por ese camino del medio. Ya no llega con fusiles ni manifiestos, sino con “medidas simpáticas”, políticas tibias, frases redondeadas en lenguaje ministerial. Entra por los discursos del consenso, por los “ni de izquierda ni de derecha”, por los políticos pasteleros que se derriten de gusto ante la aprobación ajena. El marxismo no gana por la fuerza, sino por la tibieza ajena: por los moderados que lo dejan pasar “porque no es para tanto”…

La Iglesia, claro, no podía faltar en este desfile de tibiezas. Tras el Concilio, abrazó el camino del medio con fervor burocrático: quiso ser moderna sin dejar de ser eterna, y terminó siendo ninguna de las dos cosas. En teoría representa “lo conservador”, pero uno ya no sabe si mañana los curas amanecerán con sotana arcoíris y misa inclusiva para almas no binarias. El Cristo del látigo se volvió terapeuta, el pecado se volvió emoción, y el altar, un foro de tolerancia. El camino del medio, incluso en lo sagrado, es la antesala del vacío: ni fe, ni razón, ni belleza… solo un incienso tibio que no sube a ningún cielo.

La historia demuestra que los malos siempre se imponen cuando los buenos son pasteleros. Cuando los hombres con principios confunden la prudencia con el miedo, y la templanza con la rendición. Lo sabía Santo Tomás de Aquino cuando habló de la guerra justa contra la tiranía, y lo entendía Nietzsche cuando levantó su martillo: hay ídolos que no se derriban con diálogo. A martillazos.

Y lo entendió también Estados Unidos en 1945, cuando decidió no elegir el camino del medio para terminar la Segunda Guerra Mundial. En la hora decisiva, eligió el extremo: arrojó dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

No fueron tibios. Y eran, al menos en el relato oficial, “los buenos”. La historia no premia la moderación, premia la decisión. En ese instante, la voluntad de poder se impuso al cálculo tibio. Y el mundo cambió.

La historia, decía Gustave Le Bon, pertenece a los hombres capaces de crear coyunturas, no a los que esperan que la coyuntura los favorezca. Es decir: a los que imponen su voluntad de poder, no a los que la negocian.

Napoleón (según Hegel, "la Historia de a caballo")

Las grandes épocas no nacen del consenso ni de las asambleas, sino del gesto creador del hombre que sabe golpear el hierro cuando aún está incandescente para darle forma.

Julio César

Las élites globales lo saben bien. Ellas no practican el camino del medio: van por lo radical, por lo total, por el control absoluto. Solo predican la moderación para los demás. Para ti, equilibrio; para ellos, el dominio total.

El camino del medio no conduce a la sabiduría, sino a la sumisión. Es el gris confortable donde los hombres de espíritu mueren de anemia moral. La tibieza no construye templos ni imperios. Los extremos, cuando son lúcidos, crean; el medio, cuando es complaciente, pudre.

Y es que el mundo no pertenece a los que se mantienen templados, sino a los que eligen arder.
El gris es cómodo, pero el fuego es verdadero.
Solo el martillo puede revelar qué suena a hueco. Entre el hielo y la llama, siempre será lo solar lo que trace el camino.

Read more