Diez ideas de la "Paideia" para una época que ya no sabe qué es un hombre 🤦🏻♂️
Estaba revisando mis viejas notas de mis años de estudiante universitario. Apuntes escritos cuando todavía se podía leer sin pedir disculpas, cuando subrayar una frase no era un acto de micro-violencia simbólica. Ahí volvió a aparecer Werner Jaeger con su “Paideia: los ideales de la cultura helénica”. No como autor universitario (no se lo estudia), sino como una molestia persistente. Para los ignotos: Jaeger (sucesor de Nietzsche en la cátedra de Basilea) fue uno de esos filólogos y pensadores que hoy serían expulsados de cualquier facultad “inclusiva” por el simple delito de creer que no todo da lo mismo; por no creer en el igualitarismo contemporáneo. En Paideia no hace arqueología: formula una herejía contemporánea. Sostiene que educar implica decidir qué es un hombre, algo intolerable para una época que no logra definir ni qué es una mesa sin ofender a alguien.

Leer a Werner Jaeger hoy no es cultura general. Es desacato antropológico.
Paideia no habla de Grecia, no es un manual de historia: habla de lo que pasa cuando una civilización deja de tener forma y se consuela llamando a eso “diversidad”. Vamos a repasar diez ideas que me parecieron interesantes: 🔦
1. Educar no es informar: es dar forma
La modernidad tardía cree que educar es pasar datos, como si el hombre fuera un pendrive emocional. Error grotesco.
Sin forma, el sujeto no es libre: es plástico barato, moldeado por el último estímulo. La paideia entendía algo obvio que hoy parece fascista: primero sos algo, después opinás.

2. Toda educación presupone un ideal humano
La educación “neutral” es el mayor acto de cinismo pedagógico jamás inventado.
Cuando una escuela dice que no impone modelos (como la repugnante escuela uruguaya vareliana), lo que hace es imponer el peor: el individuo se queda sin espina dorsal, perfectamente adaptable a cualquier consigna. Los griegos tenían ideales. Nosotros tenemos protocolos.

3. El carácter no emerge: se forja
El carácter no “aparece” si el ambiente es amoroso y el docente sonríe mucho.
Se forja con fricción, con límite, con exigencia. Todo lo que la pedagogía contemporánea considera traumático porque confunde incomodidad con violencia. Resultado: adultos frágiles que llaman “abuso” a cualquier forma de rigor. Generación de cristal; copitos de nieve. ⛄️ Los últimos millennials y la Z Generation.
canción "My generation" de Limpbizkit
4. La belleza no es un lujo, es una fuerza formativa
La fealdad educa. Siempre lo hizo.
Solo que ahora fingimos sorpresa cuando produce almas deformes. Un entorno vulgar genera sujetos vulgares, pero la academia prefiere discutir si la belleza es “opresiva” mientras todo se vuelve estéticamente inhabitable. La fealdad no es neutral. Un mundo estéticamente degradado produce sujetos degradados.
Los griegos lo sabían. Nosotros lo negamos mientras vivimos rodeados de basura visual y emocional, preguntándonos por qué todo huele a depresión.
5. El cuerpo importa (aunque incomode decirlo)
Para la paideia, el cuerpo no es ni fetiche ni estorbo: es parte del alma visible.
Hoy lo tratamos como mercancía, laboratorio o campo de batalla ideológica. Después nos preguntamos por qué nadie se habita a sí mismo y todo el mundo vive disociado.

6. Sin tradición no hay elevación
La tradición no es una jaula: es un andamio.
Pero la postmodernidad, delirante como pocas, decidió dinamitarlo todo y luego celebrar que nadie llegue a ningún lado. Sin herencia no hay superación, solo repetición degradada.
7. El maestro no acompaña: forma
El educador no es un coach emocional ni un animador de grupo.
Es alguien que sabe algo y se hace responsable de transmitirlo. La abolición de la autoridad no liberó al alumno: lo dejó solo frente a su propia mediocridad, con un adulto que pide permiso para enseñar. En la paideia, el educador no es un “facilitador”. Es alguien que ya está un poco más arriba y tira del otro. La abolición de la autoridad pedagógica no liberó a nadie: produjo huérfanos simbólicos. Hoy, vivimos en el mundo de los facilitadores, coachs y “técnicos sociales”. Se necesitan maestros.
8. El lenguaje forma el alma
Degradar el lenguaje es degradar el pensamiento.
Un sujeto que habla en consignas piensa en consignas y siente en consignas. El logos no era un adorno griego: era la advertencia de que cuando el lenguaje cae, el alma lo sigue.
9. Educar es siempre un acto político
No político-partidario, sino político en sentido serio:
educar es decidir qué tipo de hombre va a sostener la polis. La educación “desideologizada” es solo una fábrica de ciudadanos incapaces de juicio, perfectos para sistemas que no quieren resistencia, solo consumo y tecnocracia.
10. Sin formación, el hombre decae
Esta es la idea que nadie quiere oír: el hombre no tiende al bien, ni al progreso, ni a la iluminación espontánea. Tiende al menor esfuerzo. Sin forma, sin disciplina, sin ideal, no se emancipa: se disuelve. Y luego llama a eso “autenticidad”.
Paideia es una obra que no promete felicidad, ni contención, ni autoestima terapéutica. Promete algo mucho menos vendible: altura humana.
Y en una época que glorifica la caída y la llama libertad, eso resulta casi imperdonable.